BENET, ROBINHO, LAS BANDAS Y LOS ENIGMAS
Volvamos al cut n´paste: "Solamente en el enigma se encierra un momento de felicidad, como una semilla en un fruto." La cita también es de Juan Benet. Y viene muy a cuento con lo que últimamente -y reeditando viejas ansiedades que sabía no superadas pero a las que no había tenido ocasión de enfrentarme- siento como LA NECESIDAD DE SABER. De saber lo que pasa, de conocer en todo momento el estado de las cosas, de saber qué es lo que va pasar. Y llevándolo a un extremo, y descubriéndome así más de la cuenta, de escuchar una falsa promesa de esas que nos hacemos a sabiendas de que no está -del todo- en nuestra mano cumplirlas. Y es que vuelvo a ver cosas que no me gustan nada. Será que estoy cansado. O quizá va a ser que, como no tengo un fantástico I-Ching, no sé cómo conducirme en esta nueva situación. (Inciso: desconfiad de la analogía, que también decía Benet). En fin, cada uno se proteje como quiere o puede. Unos, con los chinos. Yo, con los de siempre (con Benet y el resto de habitualmente citados, quiero decir). Pero el caso es que, de contar con la fuerza suficiente, seríamos capaces de vivir a gusto en el enigma, y no sólo de eso, sino también de no desear otra cosa que el enigma. De desconfiar de las certezas. De no tener miedo al movimiento. De no querer saber qué es lo que va a pasar. Mi hermano pregunta si estoy enamorado. Y yo me alegro porque en las próximas veinticuatro horas sólo voy a pensar en trabajar. Seguro que el I-Ching no hubiera sido capaz de predecir eso: que yo me iba a alegrar por tener que trabajar.



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